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Papito

Tengo un ataque de llanto mientras te escribo, te extraño tanto, no te me vas de la cabeza, eres la primera persona en quien pienso en la mañana y la última antes de dormir.

Dónde estarás, ojalá si existe el cielo estés ahí con tus seres amados, con mis abuelos, con la tía Etelvira y el tío Vladimir de quienes escuché de ti solo hasta semanas antes de que te marcharas.

Mis mañanas sin ti son lo peor del dia, desayuno en el auto para no desayunar sola, para no desayunar sin ti. Nadie me desea un buen dia y nadie me prepara un café. 
La casa está tan llena de ti, dejaste recuerdos en cada rincón, encuentro tus letras, tus mil listados,  tus cuentas, tus libretas en cada cajón

Tu ropa está intacta, tus cosas están como a ti te gustaban, ordenadas y limpias. Tus herramientas no te preocupes nadie las va a tocar, tu regla verde, tu lupa, tus tesoros, no te preocupes, las pondré a buen recaudo como tu decías.

Te busco en la cocina constantemente y no estás,  a mi lado en el auto y tampoco te encuentro.

Quiero ser fuerte para mi mamá y no puedo, no puedo dejar de llorar.

Me haces tanta falta, la vida se me vino encima cuando te fuiste, mi mundo se partió en dos y el corazón en mil pedazos.

Ojalá te vea al otro lado, la vida no tiene sentido sin ti.

Y si hay otra vida, ojalá yo sea tu mamá para esta vez cuidar yo de ti, sería un honor.

Esa noche, la última no te dije hasta mañana, que  tonta debí despedirme de ti, espero me hayas sentido a tu lado,  no me fui, me quedé contigo cerquita de ti, me conoces, sabes que no soy de hablar pero te acaricie la cabeza todo el tiempo mientras te colocaban la última dosis de morfina, ojalá me hayas sentido Papito yo estaba ahí contigo, no estabas solo, yo estaba junto a ti.

Gracias por despertarme, muchas gracias papito, tu si te despediste de mí. Muchas gracias Papito, sentí tu beso en la frente, créeme que sí,  y una paz profunda esa que solo tu podías dar.

Madeleine

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